domingo, 15 de abril de 2012

EL CANTO DE LILITH


Las nubes cuelgan, pesadas,
maduran en la tibia oscuridad, donde se ocultan
racimos de uvas de nocturno azul
grávidas de vino,
que silenciosamente se vacían sobre la tierra,
grávidas del vino de la Profundidad,
grávidas de poder secreto
succionado del mar y del cielo
y amargo rocío en la región de la última tiniebla.
El vapor caliente de la vida
se condensa en gotas,
cae en la noche mortalmente silenciosa.
¡Alza la copa! Vas a aprisionar
la llave que conduce a donde nadie ha puesto su pisada,
la tierra donde el espíritu, libremente,
más allá de los límites del tiempo,
goza durante eternidades
cosas que nunca se imaginan, ni se ven, ni se sienten.
Detrás de mundos en vigilia
hierven extraños mares de deseo y maldición,
hornos de fundición de las profundidades,
de los que saltó, como una salpicadura,
cuanto podemos ver.
¿Te atreves a recorrer ese camino
trazado en el ebrio arrebato del horror?
Aterrorizada, dichosa,
llegarás a la oscura casa de las Madres eternas...
Frágil sobre aguas infinitas,
flor de la Profundidad, que no vió nunca su raíz,
libélula de un día, miedosa de la noche,
alguna vez te habrá de recibir la noche de las Madres!
La Muerte es negra de dolor.
La Muerte es blanca de deseo.
Sumergida en sus olas susurrantes
olvidarás la pálida costa brumosa de la vida.
Karin Boye- Suecia

Karin Boye

Sí, por supuesto duele

Sí, por supuesto duele
Sí, claro que duele al romper los capullos.
¿Y por que habría de temblar la primavera?
¿Por qué toda nuestra ardiente añoranza
en helada palidez amarga se uniera?
Si todo el invierno estuvo cubierto, ¿qué pudo
de nuevo traer lo que estalla la tierra?
Sí, claro que duele al romper los capullos,
duele por lo que crece
y por lo que encierra.
Sí, es duro el caer de las gotas.
Pesadamente cuelgan y de miedo, temblorosas,
se pegan al vástago, crecen, rolan -
el peso tira hacia abajo, pero siguen las notas.
Es duro ser incierto y temeroso, escindido,
duro sentir como el abismo llama y atrae,
sentarse de pronto y apenas temblar -
es duro querer quedarse
y querer caer.

Entonces, cuando empeoran las cosas y no hallan
ayuda los brotes para romper en su júbilo.
Entonces, cuando ningún miedo ya retiene,
en resplandor caen y se hunden del vástago las gotas
olvidan que han sido espantadas por lo nuevo
olvidan su miedo antes del vuelo desplegado -
por un segundo sienten la seguridad suprema,
en la confianza quedan
que ha creado el mundo.

Karin Boye - Suecia, 1900-1941